
Traté de ubicarla varias veces, pero por una cosa u otra me olvidaba. Una tarde de Febrero me llamó por teléfono y nos citamos en una plaza, a la que muy a menudo salíamos a caminar por esas noches de verano. Esperé con mucho entusiasmo el encuentro, en esos dos años sin verla, me imaginé cuanto había cambiado su vida desde la última vez, pero nunca de ese modo.
Llegué, como de costumbre, unos minutos más tarde de la hora acordada. Sentada al lado de Mateo, el cipre que así apodamos hace unos años, caminó hacia mi y yo hacia ella. Cada paso parecía desdibujarse. No sé cómo, pero cuando alcé la mirada, la tenía enfrente, me abrazó y una lágrima se le voló.Nos sentamos junto a Mateo y luego de varias risas noté que algo más quería decirme.
Con un tono especial pronunció la primer palabra sin reírse. No entendí por qué, pero en ese momento parecía que todos los que allí estaban se habían puesto de acuerdo para hacer silencio. De repente se sacó la campera y me di cuenta de lo que trataba de explicar. Tenía una pancita como de cuatro meses. Me quedé inmóvil, pasaron algunos instantes, sonreí y la abracé.
Transcurrieron muy lentos esos meses de espera, hasta que por fin, nació él. El bebe de mi mejor amiga. A él se le ve que algo gracioso tiene, con sus ojitos negros, sus mejillas rosadas y su pelo lacio, comenzó su primer día de clases.
Bruno era exactamente el reflejo de su mamá, y se robó especialmente mi mirada al verlo, formado último en la fila, tal cual lo hizo su madre hace poco, con sus medias de puntillas y zapatos de charol.
Belén Acosta
1 comentario:
hola nena: esta muy bueno lo que escribiste .... casi me haces llorar.. lei las demas notas y tambien estan buenas... y alguna que otra que paso pomuy cerca tuyo. bueno me alegro mucho lo de la revi y besos a todos . te amo mucho
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